
¿Todos los que dejan el camino de ser empleados por el de ser independientes son emprendedores? No, es una aberración que se comete muy a menudo cuando queremos ensalzar a aquél que dejó la seguridad de su sueldo por la inseguridad de tener su propia empresa.
No podemos juzgar lo anterior sin saber las motivaciones de aquél que un día decidió no trabajar más para otro. No da lo mismo la persona que se aburrió de hacer trabajos para los cuales no estudió, que aquella que no encuentra oportunidades de hacer lo que quiere hacer. Es diferente el empleado que se cansó del estrés de aquél que valora sus tiempos de ocio y su salud.
Son muy distintos también los que se toparon con una buena idea de aquellos que llevan masticando un proyecto desde hace años, como distintos resultan ser los alocados jóvenes de los experimentados adultos.
No hay buenos ni malos, pero somos todos distintos en tanto nuestra motivación para ser independientes es siempre única y personal. Incluso me atrevo a decir que son "incomparables". Quizá por ello no existe un "Manual del empresario exitoso".
Un texto del año 1924 que atesoro en mi biblioteca, contiene dos párrafos escritos por un anónimo (¡Vaya qué humildad la del escribano que le regala estas palabras al mundo sin destacar su autoría!) y que quisiera compartir con ustedes, por tratarse de una sabia reflexión que a más de ochenta años sigue vigente:
"No se necesita ser un genio extraordinario para llegar a las más empinadas cimas. La riqueza está al alcance de todos. Y, precisamente, la pobreza es el acicate más poderoso para alcanzarla, porque es casi ley psicológica que no hay esfuerzo sin privación.
Es menester persuadirse de que los que han triunfado en la vida, no fueron ni son hombres privilegiados, extraordinarios o de suerte, sino seres de carne y hueso como los demás, pero hombres, eso sí, activos, ordenados, económicos, perseverantes, honrados y enérgicos, convencidos de que, con sólo una inteligencia despejada, los cinco dedos de la mano y proponérselo resueltamente, llegarán donde otros han llegado".
El texto anterior resulta fundamental para comprender las diferencias planteadas al inicio de esta editorial: ¿Todos los independientes son emprendedores por añadidura? Claramente no es así. Ser emprendedor requiere mucho más (o mucho menos) que una buena idea, que una red de contactos, experiencia y dinero.
Entre tantos conocimientos técnicos, comprendamos que los mensajes del emprendimiento muchas veces están ocultos en un añoso libro, en las virtudes del que fracasó y, principalmente, en las motivaciones personales (excentas del lucro) que nos llevan a generar nuestra propia empresa.
Pongamos la razón al servicio del corazón, transformemos nuestros sueños en realidad sin llegar a la ceguera que nos impida ver el horizonte que queremos alcanzar.