Hugo Ortega, director Escuela de Ingeniería en Agronegocios U. Central:
Por una parte es loable y también motivo de orgullo ver como inversionistas chilenos han sabido crecer y conquistar mercados muy rentables. Las superficies forestadas, con gran ayuda del Estado y las inversiones en plantas procesadoras de alta tecnología no hacen sino hablar bien de sus dueños.
Sin embargo, y como ya lo hemos visto en la historia chilena, algunos empresarios no ven o no han querido ver, sus responsabilidades sociales como parte de sus gestiones. Grandes ganancias y pagando salarios absolutamente desproporcionados con los éxitos rentables de la empresa, suelen dejar una mala impresión a la opinión pública en general.
No le hace bien a la empresa, frente a un intento reivindicativo de los trabajadores, proponer que el Gobierno actúe en forma dura y represiva con las fuerzas policiales, argumentando atropellos a los estados de derecho. La relación debe ser directa entre ambas partes, única manera de llegar a acuerdos compartidos.
El trabajador chileno es bueno para el trabajo y es mejor cuando se le trata bien. Incluso, se conocen muchos casos límite en que los propios obreros han defendido empresas donde hay alianzas positivas con los patrones, llegando a indicarla como "su empresa". Por el contrario, muchas veces, por no decir la mayoría, se llega a extremos de violencia innecesaria, cuando la parte patronal no reacciona frente a demandas planteadas.
Japón, país desarrollado, basó su progreso principalmente en la estrecha alianza que estableció entre empresarios y trabajadores. La capacitación de la mano de obra, los salarios sumados a beneficios de cotizaciones previsionales, convenios de salud y otros beneficios, has sido la clave del crecimiento japonés.
Como en Chile no vamos a ser capaces de ponernos de acuerdo para compartir un poco más equitativamente el crecimiento que estamos experimentando?