Parece que emprender sin socios es sinónimo de egoísmo y de no saber
trabajar en equipo. Mentira. A veces asociarse puede resultar peor.

Cuando uno decide emprender, generalmente la pregunta que viene a continuación es ¿solo o acompañado? Por una serie de razones tributarias y legales la segunda resulta ser la opción más utilizada, pero armar una empresa sin socios puede resultar ser también una exitosa experiencia.
Suponiendo que la decisión es tener uno o más socios, lo que resulta primordial es decidir la razón por la cual los elijo... ¿socios capitalistas?, ¿me dan confianza?, ¿para dar una mejor imagen?, ¿tenerlo favorece la venta? Las razones son infinitas, acá lo importante es tener claro cuál es la que me llevó a tomar la decisión y mantenerlo siempre presente.
Los problemas con los socios parten siempre cuando yo o uno de ellos, sin aviso, cambia su rol. Si aquél que prometió contactos se limitó sólo a entregar dinero, se provoca ruido. O si aquél que entregó dinero y prometió dejarnos trabajar tranquilos, al poco tiempo comienza a intervenir en las decisiones de la empresa, y eso provoca más ruido aún.
¿Y qué hacemos? ¿Romper la sociedad? Puede ser una salida difícil pero sana, siempre y cuando antes de ese drástico quiebre exista una conversación profunda y sincera. Esos minutos de comunicación pueden cambiar las cosas e incluso se puede llegar a un acuerdo que antes parecía imposible.
"Lo único constante es el cambio" dicen, y esto también se aplica en las relaciones societarias. Es más común de lo que se piensa que un socio pasivo y distante se transforme en uno muy activo y deseoso de dedicar cada vez más tiempo al emprendimiento al que fue invitado. ¿Quién es uno para cerrarle las puertas?
O puede ocurrir que ese "caballo de carrera" que partió con las pilas puestas se aburrió al primer escollo y ya no quiere participar de las decisiones de la empresa, y nuevamente nos preguntamos ¿y quién es uno para estar constantemente pidiéndole que vuelva a ser el de antes?
El tipo de socio que tengo en mi empresa es la base para lograr los objetivos de ésta. Si uno de ellos cambia, puede ser que el objetivo de toda la empresa deba cambiar. Y debo tener presente que lo que le pasa "al otro" también me puede ocurrir, pues muchos factores externos (familia, salud y otros) influyen en mi comportamiento como "socio".
Son tantas las variables que quizá lo más relevante, insisto, sea estar siempre alerta de qué piensa mi socio e ir contrastando lo que dice con lo que hace y, de paso, pedirle al resto que haga lo mismo con uno. De este modo lo que partió como una sociedad de dos o más personas puede transformarse en algo unipersonal, o viceversa.
Un consejo: si usted es "patrón de fundo" y lo tiene asumido ¡anímese a emprender sin socios! ¡no tema estar solo! Probablemente se ahorrará muchos problemas que se presentan cuando uno comparte el liderazgo de la empresa. Sáquese de la cabeza el estigma que emprender solo es egoísmo o falta de capacidad para trabajar en equipo.
Al final del día, lo importante es que sepa lo que quiere, que valore y reconozca el aporte de sus socios, el suyo a ellos y el de todos, para alcanzar los objetivos de la empresa.
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