Publicado en Diario Pyme - Diario de la pequeña y mediana empresa PYME (http://www.diariopyme.com) el 25/06/2008 - 18:53
Emprendimiento tecnológico

Pocas veces es posible ver un consenso tan amplio respecto a un tema tan complejo, como respecto del camino que debemos seguir como país para convertirnos en una nación desarrollada. A nivel político, empresarial y académico la respuesta es una: Debemos pasar de una economía basada en la exportación de commodities a una cimentada en la generación de productos de alto valor agregado, intensivos en conocimiento, en tecnología e innovación.

Este ejemplo nos lo dan otras naciones, que a pesar de tener mercados domésticos igual de pequeños que el nuestro, han sido capaces de diversificar completamente su economía, alcanzando altos niveles de ingresos per cápita y buena distribución de la riqueza.

Si bien el camino a seguir está claro, no es tan evidente su implementación. De hecho, no existe consenso sobre cuál debería ser la estrategia para dar este salto. La pregunta central entonces es ¿qué se necesita para pasar de las materias primas a los productos de alto valor agregado?.

La respuesta no es sencilla y sin duda son muchas y muy complejas las variables que intervienen. Sin embargo, podemos identificar al menos un factor que da luces respecto a las políticas y acciones que a nivel país, debemos incentivar y privilegiar: las regiones que presentan alta concentración en la generación de productos de alto valor agregado, a la vez ostentan altas tasas en la generación de nuevas empresas de base tecnológica, es decir, el emprendimiento tecnológico está muy presente en localidades que han generado saltos importantes en lo que a desarrollo económico y generación de riqueza se refiere.

Una de las tantas definiciones de emprendimiento -muy útil para el caso- corresponde a la del profesor Howard Stevenson: “Emprendimiento es la persecución de oportunidades, más allá de los recursos que uno tiene actualmente bajo control”, entendiendo que el emprendimiento no dice relación con la gestión de pequeñas empresas, sino más bien con futuras grandes empresas, que resultan ser todavía pequeñas. Apunta a la persecución de grandes oportunidades, las cuales pueden requerir no sólo la creación de nuevos productos, quizás también la creación de nuevos mercados a los cuales dirigir soluciones tecnológicas que satisfagan necesidades antes no existentes. Intel, HP, Microsoft, Apple, Google, etc. fueron en su minuto pequeños emprendimientos, liderados por jóvenes emprendedores, capaces de aprovechar grandes oportunidades.

El emprendimiento es un proceso de gestión, no una característica individual. Un proceso que asemeja un “deporte de equipo”, que es capaz de transformar ideas, tecnología y oportunidades en valor.

Los emprendimientos tecnológicos son más riesgosos que los de corte tradicional. ¿Por qué entonces incentivar su generación? Cuando las oportunidades son grandes, los retornos potenciales también lo son. Este es lo que hace que valga la pena correr el riesgo asociado a este tipo de empresas.

Otra variable crítica de los emprendimientos tecnológicos es la velocidad; llamadas “empresas gacelas”, dada su agilidad, movilidad y adaptación. Esta es una de las razones de por qué pueden identificar y aprovechar de mejor manera las oportunidades; se mueven rápido, cosa que las grandes corporaciones no pueden hacer.

También se requiere de tres recursos críticos: Tecnología, recursos humanos y capital. Por capital nos referimos a la obtención de financiamientos tanto para superar el llamado “valle de la muerte” (etapa inicial en la vida de la empresa, en la cual no se generan ventas, pero donde se hace la mayor parte de la inversión en la obtención de la tecnología y desarrollo de los productos), como para sustentar la etapa de crecimiento acelerado.

Los emprendimientos tecnológicos difícilmente podrán acceder a financiamiento bancario -dado los altos niveles de riesgo que involucran-, como a la no disponibilidad de garantías; y sólo a través de las ventas resulta muy difícil obtener los flujos de dinero requeridos. Por ello es necesario apuntar a inversionistas con la suficiente tolerancia al riesgo, que apuestan al potencial de las oportunidades detectadas por los emprendedores, los llamados inversionistas de riesgo (venture capital).

Podemos ver que el emprendimiento tecnológico presenta una serie de características que sin duda implican importantes desafíos para nuestro país. La buena noticia es que es posible aprender, poner en práctica y perfeccionar gran parte de las habilidades requeridas. ¿Quiere decir esto que cualquiera puede ser entrenado para convertirse en un emprendedor exitoso? Ciertamente no. Pero sí es seguro que mientras más personas entiendan y pongan en práctica estos conceptos, generaremos un mejor entorno para el emprendimiento tecnológico, con profesionales que puedan apoyar de mejor forma a los emprendedores, con inversionistas dispuestos a invertir en estas empresas y con instrumentos o programas públicos orientados en incentivar -sobre todo en los jóvenes-, la persecución de las oportunidades que les permitirán crear las grandes empresas tecnológicas del futuro.


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