Los mecanismos de transmisión de una crisis internacional tradicionalmente han sido tres en Chile: bajan las exportaciones, luego cae el precio internacional de los commodities y también disminuyen los flujos de financiamiento externo.
Frente a esa escasez de recursos externos, se ajusta el gasto fiscal, aumenta el tipo de cambio real y así la actividad productiva tiende a normalizarse. Veamos lo que está ocurriendo en estos momentos en el país.Las exportaciones reales siguen creciendo, los precios internacionales de los commodities están un su pic histórico y el riesgo país es uno de los más bajos entre los países emergentes. Como consecuencia de lo anterior el tipo de cambio real ha tendido a caer considerablemente, obligando al Banco Central a anunciar la compra de US$ 8.000, durante este año 2008. Además, el país está importando inflación desde el resto del mundo, debido a que los precios de la energía y los alimentos están en las nubes. A continuación, veamos algunas consecuencias económicas.
En los últimos cinco años el país asiste a un proceso intenso de concentración productiva, donde 3 productos cobre, molibdeno y celulosa representan el 66% del total del valor de las exportaciones chilenas, 4 cadenas de multitiendas explican las ventas del 70% del mercado y 3 instituciones financieras dan cuenta del 62% de las colocaciones del sistema bancario.
La competencia internacional de productos asiáticos es cada día más intensa, los costos de energía han aumentado y la competitividad del producto manufacturado chileno ha disminuido. Este cuadro macroeconómico ha resultado dañino para el desarrollo de la base productiva nacional y particularmente han sido las Pyme de los sectores agrícolas e industriales las que han salido más perjudicadas. ¿Qué hacer?
Para volver a una senda de transformaciones productivas, basada en aumentos persistentes de la productividad total de factores y donde se agregue valor a nuestros recursos naturales, se requiere avanzar urgentemente en dos direcciones.
Primero, formular una política cambiaria que apunte a un equilibrio de largo plazo. Para ello es menester estimar el precio de los commodities en los próximos diez años y luego apuntar a una banda en el tipo de cambio real que esté definida a partir de una estrategia de desarrollo nacional. El riesgo de equivocarse en la estimación de estos precios sigue siendo menor que el costo de un funeral temprano para el sector productivo nacional.
Segundo, cada comuna, provincia y región deberá definir su propia política de desarrollo productivo territorial, teniendo en cuenta sus propias capacidades. En este sentido, los encadenamientos sectoriales de Pyme podrán aportar economías de aglomeración, de especialización y de calidad que permitirán acceder mejor a las oportunidades que ofrecen los mercados globalizados.





