RSS Aquel refrán que reza “cuando Estados Unidos estornuda, el resto del mundo se resfría”, parece estar más cerca que nunca de convertirse en una realidad. Y es que la crisis económica que vive el país del norte ha obligado a la Reserva Federal (Fed) a tomar medidas para revertir el oscuro panorama, mientras en muchos países provoca álgidas discusiones sobre qué hacer para evitar que este catarro golpee fuerte a las finanzas internas.
Chile no ha sido la excepción a este panorama, pues el resfrío estadounidense provocado por el “virus sub prime” ha confirmado la tendencia a la baja del dólar, y esto ha llevado a la divisa a su menor precio en 10 años, superando hace rato la “barrera psicológica” de los 450 pesos.
Ante este escenario han surgido las voces de quienes piden que el Banco Central emule a la Fed y baje la tasa de interés para evitar el diferencial y frenar la caída del dólar. Cabe señalar que hace más de ocho años el instituto emisor se divorció de la banda cambiaria, pero en dos ocasiones (agosto de 2001 y octubre de 2002) debió volver a escena para ser actor estelar y revertir el guión que se estaba escribiendo. ¿Debería ser ésta la tercera vez que el emisor retome un rol principal en esta película?
Creemos que no. En este momento debe primar la idea de que la tendencia a la baja debe ser nuestra amiga y no podemos ir en contra de ella, especialmente en un país como Chile. Si el Banco Central entra en escena y compra divisas, por poner un ejemplo, este panorama no va a cambiar. Al contrario, sólo se verá afectada la imagen del emisor, que quedará en el papel de un organismo en demasía controlador.
La experiencia demuestra que no es aconsejable que el Central intervenga. Medidas como el encaje a la entrada de capitales lo único que eventualmente podrían causar es una reasignación recursos financieros desde el corto al largo plazo, pero con montos de similares características. De esta forma, si el tipo de cambio está bajo hay que saber soportarlo, y priorizar los mecanismos de cobertura que nos aseguren que los efectos no serán de gran magnitud.
Por ello se hace imprescindible que, de una vez por todas, las empresas entiendan las reglas del juego y asuman que la eliminación de la banda cambiaria trajo consigo un dólar mucho más volátil. Así, es de vital importancia tomar los resguardos debidos y comenzar a demandar mecanismos de cobertura hacia el futuro, como pueden ser los seguros de cambios. De esta forma, se deben hacer contratos a largo plazo con bancos, y empezar a comprar y vender mirando a un horizonte de tiempo más amplio.
No debieran existir mayores dudas respecto de que Chile se beneficia con este debilitamiento del tipo de cambio. Somos un país que importa en dólares y nuestra principal exportación: el cobre, aumenta su valor.
¿Quiénes se ven afectados? Principalmente algunos sectores industriales, donde la competitividad del sector exportador los hace quebrar al no poder competir, por ejemplo, con productos chinos que presentan un precio sumamente barato, más allá de su calidad. Esta situación hace que muchas empresas manufactureras tengan que reasignar sus recursos como capital humano, capitales financieros, máquinas y equipos. Se trata de un proceso lento y que puede generar una baja en la productividad de algunos sectores y de paso un incremento transitorio de la tasa de desempleo.
En contrapartida, los sectores beneficiados son aquellos que tienen un alto porcentaje importable de insumos. Y aunque ellos pueden señalar que los retornos en pesos por cada dólar exportado son menores, los insumos que están importando son más baratos, e incluso existe la posibilidad de reconvertir los procesos productivos a capital intensivo, importando maquinarias y equipos a un precio bastante bajo.
Como vemos, siempre habrá porque alzar la voz, y es muy difícil que todo el mundo quede contento. La realidad es que el tipo de cambio es cada vez menos considerado como un ítem válido como medida de competitividad en un país. De hecho, el Foro Económico Mundial ya lo eliminó como parámetro, en una muestra clara de que los tiempos están cambiando.
Es evidente que las autoridades del Banco Central están en una encrucijada y que existe un equilibrio inestable, un problema que es herencia de economías tan abiertas como la nuestra. Sin embargo, creo que el instituto emisor está contento con esta situación, que puede implicar acceso a menor costo a productos extranjeros, lo que sin dudas elevaría el consumo, pero lo mejor de todo conteniendo la inflación.
Por ello, para etiquetar el actual panorama como bueno o malo no sólo debemos ver la coyuntura actual con los ojos de los productores y de la oferta, sino que es aconsejable ponerse los lentes de los demandantes, de los clientes, de las personas que se ven favorecidas con el bajo precio del dólar.
Si se oyeran las voces de quienes piden la intervención del Banco Central, debemos tener en cuenta que una tendencia alcista rápida del tipo de cambio puede conllevar una baja en el nivel de actividad en el actual escenario. Si el tipo de cambio sube, los exportadores no van a exportar más cantidad, sino que van a exportar lo mismo, o quizás menos. Sus ingresos en pesos pueden aumentar porque el precio del dólar va a ser mayor, pero aparecerán las presiones inflacionarias y el Central se verá entre la espada y la pared, ya que si sube la tasa de interés puede matar esta economía doméstica.
Y a pesar de las posturas más alarmistas, creo que lo más probable es que la baja del dólar siga su curso, pues el mercado de Estados Unidos sabe que la Fed va a reaccionar y más aún, será proactiva, bajando tasas rápidamente para evitar problemas de liquidez y crisis de actividad.
La recomendación es dejar que el dólar fluctúe libremente, y que la situación sirva de lección para el futuro... Siempre es bueno tener a mano algún analgésico y un chaleco grueso para cuando Estados Unidos estornude.