Moneda de cambio

El juego de la política a veces es intrincado y sus reglas muchas veces nos parecen incomprensibles e injustas. Es de esperar que esta vez las Pyme saquemos algo de provecho.


La aprobación en la Cámara y el posterior rechazo en el Senado del proyecto de ley de depreciación acelerada, la "estrella" entre las 27 medidas del polémico Plan Chile Invierte, me ha hecho reflexionar.

Son varias las ideas que me gustaría compartir con ustedes, pero me limitaré a desarrollar en estas líneas la que me parece más importante, ya que considero que marca ‘la suerte’ de las pequeñas y medianas empresas: el ser una moneda de cambio.

La importancia que tienen para el desarrollo macroeconómico del país, porque generan el 80% del empleo, y al mismo tiempo su falta de peso específico, porque su rol en el PIB es menor, hacen de las empresas de menor tamaño un blanco perfecto para el juego de la política.

Digo esto pensando en la fácil y rápida tramitación que esta iniciativa tuvo en la Cámara de Diputados, proceso que contrasta dramáticamente con lo vivido en el Senado, donde se rechazó, más para truncar las aspiraciones del ministro de Hacienda que por una genuina intención de apoyar el tránsito de las Pyme.

Qué pudo suceder en un par de semanas para que el escenario mutara tan radicalmente, si finalmente en ambas instancias parlamentarias están compuestas por representantes de las mismas colectividades políticas.

Me pregunto qué hizo que en pocos días los "problemas" de las Pyme se hicieran tan patentes a los ojos de los legisladores como para llegar a trabar el despacho del mentado texto legal. Sinceramente, lo que pasó en el Senado únicamente me hace dudar.

Dudo de las intenciones de los políticos. No sé si el interés perdurará una vez que pase esta tempestad. Me molesta que las medidas se planteen para "convencer" el voto ¿Por qué no surgieron espontáneamente de parte del Ejecutivo? Y estamos hablando de un protocolo que -para los que estamos diariamente en esto- no tiene nada de nuevo.

Hago votos para ver que en otras épocas, cuando no haya pugnas de por medio, los señores parlamentarios muestren el mismo interés por la situación de las Pyme, que los personeros de gobierno no les echen mano para negociar votos y que tomen conciencia de que hay temas que son más relevantes y que pueden ser verdaderamente reactivadores.

Aunque poco les importe, que hagan un trabajo que no deje en nosotros, los que estamos preocupados por las Pyme, el sabor amargo de ser una moneda de cambio.