Endeudamiento


La deuda total de los hogares chilenos estimada por el Banco Central a septiembre pasado fue de $28.212 miles de millones, equivalentes al 34% del PIB. De dicho total, 72% corresponde a deuda bancaria y el resto incluye deudas en casas comerciales, cajas de compensación, cooperativas y compañías de seguro.

Dicha deuda agregada creció un 15% real anual y ha estado expandiéndose por sobre el crecimiento del ingreso disponible de las familias en los últimos cuatro años. El resultado final ha sido que la razón deuda ingreso (RDI) llegó a representar un 61,9% y la proporción de la carga financiera (RCI) respecto del ingreso disponible alcanzó un 20,4%, en septiembre del 2007.

En otras palabras, las familias chilenas están destinando un quinto de sus ingresos mensuales solo para servir las deudas contraídas en períodos anteriores. El peso de la deuda para algunos estratos críticos aparece así como una gota que puede rebalsarse en cualquier momento.

Las razones de este endeudamiento creciente son muchas y un estudio reciente de la Universidad Central distingue al menos tres causas para que en ciertos casos se llegue a un estado de sobreendeudamiento.

Primero, las familias "pobres" utilizan el crédito simplemente para sobrevivir, sin pensar que en el futuro simplemente no podrán pagar sus compromisos. Un 13,7% de las familias chilenas está en situación de pobreza y por lo tanto están desesperadas por obtener un crédito que les permita simplemente llegar a fin de mes.

Segundo, existen patrones de consumo importados y que en su gran mayoría buscan llenar (sin lograrlo) los vacíos emocionales creados por una sociedad contemporánea y en permanente transición, incentivando así la carrera consumista de las clases medias.

Tercero, existe una oferta indiscriminada de crédito a las familias, que se expande a través de personas con poca cultura en la gestión de los gastos. Existe una oferta crediticia sin límites y donde cada uno debe aprender a protegerse. En este sentido, los jóvenes han resultado ser un territorio fértil para desarrollar campañas atractivas para ofrecer crédito.

A continuación algunas premisas a tener en cuenta y que pueden servir para no caer en una espiral no deseada de endeudamiento:

  • Los gastos corrientes deben ajustarse estrictamente a los ingresos permanentes que tiene cada familia, considerando además la necesidad de generar un excedente para imprevistos y ahorro para la vejez.
  • Cada compromiso contraído con el sistema financiero debe quedar respaldado por un documento que identifique plazos, tasas, comisiones y condiciones estipuladas para la cobranza.
  • La posibilidad de endeudarse debe confrontarse con la propia capacidad de servir los créditos obtenidos. Cada grupo familiar debiera programar sus gastos e ingresos mensuales durante todo el año y, en los meses con déficit, resolver entre la disyuntiva de postergar alguna compra o bien pedir un préstamo que por cierto le reportará una carga financiera mayor en los meses siguientes.
  • Las condiciones de cada crédito deben ser pactadas con la mayor información disponible que entregue el mercado, tasas, comisiones y plazos. Aproveche las oportunidades que brinda el sistema financiero en su propio beneficio, informándose de las distintas opciones crediticias existentes y que ciertamente le ayudarán a tomar mejores decisiones financieras.

En general, un artículo de consumo perecible, no debiera ser objeto de crédito. Cuando se trata de bienes durables, el plazo máximo del crédito no debiera superar el tiempo estimado de duración que tenga el bien adquirido.

Una práctica saludable para ordenarse en el pago de los gastos corrientes es usar la tarjeta de crédito sin hacer uso de las cuotas que esta ofrece y luego proceder a cancelarla totalmente, todos los meses.

En el caso de entregar un aval, hacerlo solo cuando se esté seguro de poder responder ante la eventualidad de que el deudor principal pudiera fallar. Por tales motivos, se recomienda establecer montos máximos para cada aval y que estos reflejen adecuadamente la capacidad que se tenga para afrontarlos, como deudor indirecto.