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El placer culpable de todo chileno que tiene la posibilidad de quedarse una mañana de día hábil en casa, ya sea por enfermedad, irresponsabilidad u otra razón de fuerza mayor, es ver Sálvese Quien Pueda (SQP). Y los que no tienen la posibilidad de ver el programa, se informan al otro día en Las Últimas Noticias o La Cuarta del comidillo del espectáculo.
Yo fui irresponsable este jueves y me quedé en casa haciendo nada, descansando de un mayo agotador y que exigió el máximo de mis capacidades para sobrellevar cambios de personal en el área prensa, el ingreso de nuevos periodistas, temas familiares, mi propio cumpleaños y un bautizo en que fui el padrino, elaboración de un ambicioso proyecto de cuatro años para fortalecer el sector Pyme y más, mucho más...
Por eso, este 31 de mayo era un merecido descanso en el que hice lo que casi nunca hago: ver tele. Y no pudo ser mejor la elección. Me concentré en la farándula (no hay mucha opción a eso del mediodía) y en particular en SQP, en una edición en que a ratos me pareció ver que era otro programa. Tenía el estigma de que los panelistas hablaban sólo de "pelambres", pero al menos esta primera vez que veía el programa en el año, me encontré con un debate de altura respecto del rol del periodista.
El génesis de la discusión estaba conformado por dos aristas: la inclusión del tema del Sida en los medios de comunicación y la llamada Ley Bolocco, que apunta a una proyecto de ley de cuatro parlamentarios para restringir la intromisión periodística en el ámbito privado de las personas. En medio de todo, queda el rol del periodista.
El panelista José Miguel Villouta reclamaba que la culpa de un periodismo cada vez más restringido era de los propios profesionales. En tanto Pamela Jiles señalaba que con una industria tan concentrada era prácticamente imposible cambiar la historia desde los periodistas.
A mi juicio, ambos tienen algo de razón y algo de error. La posición de Villouta es la historia de DiarioPyme. Un periodista que decide hacer un medio de comunicación nuevo, distinto, social y para ello no se requirió más que una tenacidad a toda prueba, sangre emprendedora. Y de ello siempre me he sentido orgulloso. Y la mirada de Pamela Jiles, periodista además, es cierta en la medida que existe concentración y los grandes avisadores siguen publicando en los mismos medios de siempre entregando migajas a los medios independientes.
¿Se puede? ¡Se puede! ¿Se debe? ¡Se debe! ¿Dónde comenzar por el cambio? La panelista Alejandra Valle dio en el clavo: las universidades, la formación profesional. ¿No serán muchos cinco años para alguien que debería tener aptitudes periodísticas desde la Enseñanza Media? ¿No es el periodismo una profesión oficiosa, es decir, tan teórica como práctica?
Llamé varias veces al programa y al canal para comentar esto, pero fue imposible comunicarme. Desde esta trinchera comparto con ustedes mi opinión, para que la comenten con los cercanos que quieren ser periodistas, comunicadores o emprendedores en un mercado extremadamente competitivo. Insisto: Se puede y se debe.