Se hicieron internacionalmente conocidos en los ‘80 gracias al economista bengalí Muhamad Yunus y su "banco de los pobres". Él demostró que otorgar pequeños créditos a los sectores más vulnerables de la población, no sólo representaba una efectiva posibilidad de desarrollo familiar y social, sino que además podía llegar a convertirse en un buen negocio, en términos de retorno y de posibilidades de crecimiento. A partir del ejemplo de Yunus, los microcréditos comenzaron a expandirse a decenas de países y bancos en todo el orbe.
Pese al crecimiento económico que se mantuvo hasta mediados de los ’90 y a la fuerte competencia del mercado bancario, no existían instrumentos financieros específicos para otorgar créditos a la microempresa. No fue sino hasta 1996 que BancoEstado, a través de su filial BancoEstado Microempresas (Beme), formalizó este instrumento, transformándose a la fecha en la institución microcrediticia con la mayor cantidad de clientes en Chile y una de las más importantes y exitosas de América Latina.
En esta región, el desarrollo de las microfinanzas ha experimentado un importante desarrollo. De acuerdo a un reciente estudio realizado por Cepal, estas instituciones en Latinoamérica cuentan en la actualidad con cerca de seis millones de clientes y una cartera superior a US$ 5 mil millones de dólares. En ese contexto, Beme, posee cerca de 250 mil clientes y montos colocados en torno a los US$ 460 millones de dólares.
Esto ha significado apoyar e impactar positivamente en la calidad de vida de miles de emprendedores y sus familias en Chile, con una fórmula práctica, pero al mismo tiempo humana y enaltecedora de progreso, cuyos resultados no debiéramos perder de vista.





