No creo que emprender se pueda enseñar, es decir, explicarle a alguien
cómo hacerlo. Más bien el interesado es el que debe querer aprender y
en esta historia rescato a dos muchachos que lo están haciendo muy bien
para sí y para su entorno.

Juan Pablo Flores y Danko Ravlic, dos estudiantes de último año de ingeniería de la Universidad de La Serena, son anónimos ejemplos de lo que debe hacer un estudiante en su formación profesional: aprovechar las oportunidades.
Hace tres semanas ellos me invitaron a dar una charla en el marco del V Congreso de Emprendimiento que ellos mismos han organizado en los últimos dos años y que entregarán a las próximas generaciones para que sigan con esta iniciativa los próximos años.
La primera vez, el año 2007, recibieron de manos de otros compañeros hoy profesionales, la responsabilidad de organizar la actividad y lo hicieron con ganas, ánimo y alto compromiso, obteniendo como resultado una convocatoria superior a las 400 personas, de todo Chile, reunidos para comprender los intrincados caminos que han llevado a muchos chilenos a ser emprendedores.
Pero acá la gracia no está sólo en la organización, sino en los matices que lograron en estos dos años de trabajo para presentar el tema del "emprendimiento" como un proceso serio y aterrizado a la realidad de su entorno, donde más que enseñarlo, hay que querer entenderlo.
Ellos y su equipo, ya entendieron que el emprendimiento no parte con un buen plan de negocios, que el dinero es un buen aliado pero no un bien imprescindible para comenzar. Lo que buscan son historias que relatan las vicisitudes, lo que no está en los libros, los secretos, las anécdotas, los aciertos y los fracasos de chilenos comunes que en algún momento trabajaron una buena idea y la convirtieron en una empresa rentable.
Me regalaron 45 minutos para poder presentar a la audiencia lo que entiendo por el momento previo al acto mismo de emprender, pero al final fueron ellos los que llevaron a la práctica mi teoría. Uno de ellos me fue a buscar al aeropuerto de La Serena, el otro organizó el almuerzo y juntos me acompañaron durante mi exposición. Y esto lo hicieron con más de 12 expositores durante los dos días que duró el evento.
Mucho antes, al menos seis meses, comenzaron a gestar lo que se vivió en 48 horas. Ellos consiguieron los auspicios para pagar los costos de un seminario de esta envergadura, contactaron a cada expositor y coordinaron la asistencia de todos los presentes. Y todo ello sin errores, sin fallas, a la perfección.
Los interesados en emprender de La Serena estuvieron de fiesta, y con ellos, Chile entero debe saber que este tipo de actividades realmente se transforma en un aporte a la sociedad. Ya son cinco los seminarios que han realizado y se avizoran muchos más, transformando esto en un proceso y no en una isla en el mar de conocimientos.
Indistintamente de mi participación, el trabajo de Juan Pablo y Danko ha sido soberbio, un ejemplo para las universidades, gremios, instituciones privadas y estatales que están divulgando la cultura del emprendimiento. Muchas actividades son irresponsables al asegurar que emprender es un sinónimo de ser empresario. Mentira, emprender es una actitud que probablemente no se puede formar con teoría y nunca logra el éxito sin práctica. No se enseña, es el interesado el que debe querer aprender.
El emprender es el resultado de una buena educación familiar, aprender de los que saben, mantener conductas íntegras, generar y mantener una red de contactos, y desafiar los límites. Todo el resto puede tener mil nombres, pero "aprender a emprender" como reza el slogan de esta actividad está por sobre la mediocridad.