La política y el modelo de desarrollo que Chile ha aplicado para el sector agrícola del país ha sido exitoso desde el punto de vista de sus indicadores macro, es decir, la tasa de crecimiento sectorial, las inversiones en infraestructura, el aumento de las superficies explotadas, exportaciones y otras. Sin embargo, los resultados en distribución de la riqueza y, por lo tanto, equidad, sus resultados han sido bastante malos.

A un año de finalizar el Gobierno de la Presidenta Bachelet, conviene hacer una reflexión tendiente a razonar qué es lo más conveniente para corregir algunos aspectos que pudieran haber afectado al sector silvoagropecuario y pesquero en este período.
Lo primero que salta a la vista es que la pequeña agricultura campesina no se ha podido incorporar al progreso y desarrollo como lo han hecho los grandes agricultores. Hay, por supuesto, excepciones dignas de destacar, pero la gran mayoría no ha podido lograr niveles de gestión empresarial y comercial que les permita mantener una esperanza de progreso.
Sin embargo, es interesante ver como está emergiendo, en el sector rural, durante los últimos años, un nuevo grupo de pequeños agricultores no campesinos, que sí han logrado niveles de modernidad y desarrollo que les permite competir con productos de gourmet en nichos de mercados adecuados para ello.
Esto nos puede llevar a dos conclusiones muy importantes. Primero, que la pequeña agricultura es posible, y así lo demuestran innumerables países desarrollados con pequeñas explotaciones exitosas. Y, tal vez, lo más lapidario, es que no hemos sabido diseñar ni políticas ni instrumentos eficaces para la agricultura familiar campesina en Chile.
Un resumen, en blanco y negro, de lo que hemos intentado. Hemos diseñado cualquier cantidad de instrumentos de fomento productivo para el pequeño agricultor. ¿Cuántos de ellos hemos evaluado seriamente? Casi ninguno. En forma parcial, algunos. Digo evaluarlo con debate posterior, con sugerencias de correcciones. Ninguno.
Segundo, ¿cuál ha sido el Programa de Capacitación oficial del Gobierno hacia el pequeño agricultor? Si algo se ha realizado, ¿se ha evaluado? Tampoco.
Tercero y último, ¿cuál ha sido la Estrategia oficial del Gobierno para fomentar la asociatividad del pequeño productor? No conozco ninguna.
Deseo, para terminar, que como autor de esta crítica, no me margino de las acusaciones, por sentirme partícipe de la coalición política gobernante. Directamente, durante el primer Gobierno de ella. El objetivo de hacerlo me anima por el hecho que todavía nos queda un pequeña oportunidad de tiempo, por lo menos para iniciar algo de ello.