"Construir el teatro fue llevar mi sueño a la realidad"

Tuvo acceso a la cultura, una buena educación, viajes, éxitos comerciales y reconocimiento público, pero siente que nada de eso le podría asegurar el éxito al mando de su propio teatro. "La clave es querer y nunca dejar de aprender", dice la actriz y empresaria Rosita Nicolet, una española que llegó a Chile para quedarse.

En tierras españolas nació hace algunos años Rosita, una mujer que ha pasado más tiempo en Chile y en las tablas que en su lugar natal junto a sus padres, de quienes heredó la pasión por el teatro. Pocos saben que su apellido original es Ares, pero el amor pudo más y al contraer matrimonio con un empresario Suizo, adoptó el apellido Nicolet.

Apenas cumplió los 19 años, tras un tiempo en Ginebra y de la mano de su esposo, llegó por primera vez a Chile acompañándolo. Faltaban meses para el 11 de septiembre de 1973, situación que no la afectó mayormente pero que sí le dejó en la memoria los contrastes de una sociedad violentamente quebrada.

"¡Cuánta falta de alegría había!", recuerda. Quizá en busca de esa quimera viajó al año siguiente a Uruguay, donde se dedicó durante 4 años a perfeccionar sus conocimientos actorales tras desechar la posibilidad de ser arquitecto. Ya en 1979, volvió a nuestras tierras de la mano de sus hijos, con quienes siempre ha mantenido vínculos más estrechos de lo normal para una joven actriz, que se separó tres años más tarde y en un país para entonces ajeno.

Así parte la historia emprendedora de Rosita Nicolet, que se hizo ampliamente conocida en los televisores chilenos por su recordada participación en el "Teatro de Pepe Vilar", su coterráneo, en las pantallas del entonces Canal 11. "Debo reconocer que José conoció a mi padre en España, pero eso sólo me abrió una puerta, ya que seguir en el elenco de Pepe Vilar dependía exclusivamente de hacer bien mi trabajo".

¿Te sentías por esos años reconocida por los chilenos?
Claro. Me paraban en la calle y me saludaban. Mi origen español nunca fue un impedimento para ganar el cariño de los chilenos.

Que lástima que durara tan poco.
Si, Pepe enfermó de cáncer y murió de manera rápida. Fue una gran pérdida para el teatro en general y que me dejó un vacío muy grande en lo afectivo y lo profesional.

¿Qué hiciste luego?

Viajar. Volví a España un tiempo en busca del nido, de las raíces, de los amigos. Te confieso que al principio no pensaba volver a Chile, pero ya en mi tierra me di cuenta que las cosas habían cambiado. Los amigos no estaban, los lugares no eran los mismos, era otra persona.

Y volviste...
Es que Chile se había transformamos en mi hogar

Los primeros pasos

Para el año 1989, Rosita se sentía una ciudadana más de Chile. Al igual que muchos de sus colegas actores aprovechó los cambios políticos que vivió el país, y comenzó a trabajar "de sol a sol" en la puesta en escena de diversas obras que tuvieron gran recepción del público. "La gente estaba ávida de entretención y eso transformaba al público en un grupo más participativo con las obras que presenciaba y te podías relacionar mejor con ellos desde el escenario", reflexiona.

Pero su paso por España no había sido en vano. "Me traje varias obras con la intención de que algún día podría producirlas con el mismo éxito en Chile", reconoce. Y la oportunidad llegó en 1992, cuando decide junto a su gran amiga y también actriz, Liliana Ross, montar "Brujas".

Un éxito de aquellos...
Para ese tiempo, fue un éxito rotundo. La taquilla llena en cada función, fue inolvidable.

Y te trajo excelentes beneficios económicos.
Si, claro. De hecho Liliana me propuso armar juntas una sociedad y con ello se abrió la posibilidad de comenzar a producir las piezas que me traje de España.

¿Ahí nace la Rosita empresaria?

Más bien la socia de Liliana. Fue ella la que me motivó y acompañó en esta aventura. Quizá sola no me hubiese atrevido jamás. Fueron 4 años inolvidables de mucho aprendizaje como actriz y como empresaria.

¿Qué te hizo terminar la sociedad con Liliana?

La verdad es que seguimos siendo socias. Es decir, hubo un acuerdo de palabra de no seguir juntas debido a los proyectos que se le presentaron a ella en canales de televisión, pero nunca hubo un término formal de la sociedad.

¿Y ahora si te animaste a seguir sola?
Estaba prendidísima. Tenía todo listo para producir la obra "¿Quién dijo que los hombres no sirven para nada?" y a pesar del alejamiento de Liliana, decidí que ya era hora de emprender el vuelo de manera independiente.

El nacimiento de Alcalá

Tal fue el éxito de sus obras que hasta el día de hoy le entregan crédito. Y tal era la demanda del público que "hasta costaba encontrar salas de teatro vacías para montar la obra", dice.

¿Ahí nace la idea de tener tu teatro?
La verdad es que siempre soñé con tener mi propio espacio, mi "castillo", mi Alcalá... pero me daba miedo hacer esa inversión.

¿Y qué te hizo atreverte?
Varios factores. Mis hijos, en especial mi cuñado, me entregaron todo el apoyo necesario para cumplir ese sueño. Siempre pasaba en mi automóvil por este sector de Bellavista y miraba el cartel "Se Vende" que colgaba del viejo edificio en que hoy está el teatro Alcalá. Un buen día me atreví a preguntar el valor, conversé con mi familia y con ellos como socios nos animamos a conseguir el crédito y comenzar la construcción de este lugar.

Te salió una ganga ¿verdad?
¡Ojalá! Vendí mi departamento y llevo 8 años pagando el crédito solicitado, al que le quedan 70 cuotas más, pero no importa, sé que lo voy a lograr. Tengo las ganas, las energías, los mejores socios y un público que siempre responde.

¿No temes que el teatro sea sólo un capricho, un gasto innecesario?
La construcción de una Platea Alta pudo ser un capricho, o más bien un gustito que me di, pero el resto es la materialización de un sueño.

¿Nunca te has arrepentido?
El que no se atreve no cruza el río, dicen. Yo me atreví a pesar de todo. Cuando estoy asustada por la baja de público me siento en las butacas y disfruto largamente de la decisión tomada. Hay noches en vela y semanas que junto peso a peso lo necesario para pagar arreglos, actores y todo lo que significa tener una empresa, pero siempre con una sonrisa.

Se abre el telón

¿Te consideras una emprendedora?
Un emprendedor es alguien que tiene grandes sueños, que además debe tener gran fuerza de voluntad y aprender a pasarlo bien y mal. Debe ser capaz de seguir su propio instinto sin dejar de escuchar consejos. Y si no recibe los frutos esperados, debe ser capaz de reinventarse, de ser siempre eso, un emprendedor. Bajo esa definición, si, soy una tremenda emprendedora.

Pero debes reconocer que tuviste oportunidades que otros no tienen. Educación, viajar, reconocimiento público, lograr ciertos éxitos comerciales...
Si pero hay que ser capaz de capitalizar todo eso. Hay miles de personas que tienen todo eso y más, pero no son capaces de emprender. Claro que todo lo que mencionas ayuda, pero no sirve de nada sin la decisión de querer ser más.

¿Has detectado cuál pudo ser la clave de tu éxito?
No sé si podemos hablar de éxito, pero si reconozco dos virtudes. La primera es que siempre fui "cabecita de número" y nunca tuve que ocupar calculadora, algo raro entre los actores y que quizá marcó diferencias. Lo otro es que soy una "esponjita", me gusta aprender y siempre estoy atenta a ver cómo los otros hacen lo que yo no sé.

¿Cambiarías a tus socios?
Trabajar con la familia no es nada fácil, pero hay que aprender a separar las cosas y apropiarse del ámbito de acción de cada cual. Mi cuñado ve los números, mi hija me asesora en los temas de las obras y yo, hago el resto hasta que se abre el telón, donde aparece la actriz profesional. El que quiere celeste, que le cueste ¿no?

Los españoles tienen su carácter... ¿Qué cosas te hacen enojar?
La realidad cultural de Chile. Los medios, en especial la televisión, dan cada vez menos minutos a la difusión de obras teatrales y, a pesar de que tenemos una Ministra de Cultura actriz, las cosas empeoran cada vez más. En Argentina, por ejemplo, el teatro tiene un glamour que supera las crisis y que siempre lleva público a los teatros. Pero acá no y los medios no hacen mucho por educar a la sociedad en la importancia del teatro y de la cultura en general.

¿Y la culpa es de los medios o de la gente?
Es compartida, pero parte en los medios y son ustedes los llamados a revertir la situación.

El carácter aflora. Rosita no sólo reconoce su interés por cumplir las obligaciones financieras que contrajo al construir el teatro Alcalá, sino también su deseo por dar mejores sueldos a los elencos que montan allí sus obras y en hacer del teatro una industria más valorada en Chile.

Desde la Platea Alta, su "capricho", mira su puesto de trabajo: el escenario. En pocas horas más comienza la función, pero antes se deben pagar remuneraciones, arreglar butacas dañadas y cambiar un foco por aquí y un telón por allá. No importa. Rosita sabe que un verdadero emprendedor sabe siempre cómo salir adelante.