Tenemos conocimiento a través de discursos, exposiciones o documentos, que las Mipe representan en promedio el 80% de las empresas formales registradas en Chile, según datos del Servicio de Impuestos Internos. Seguido de esto, se hace otra afirmación: que su participación en las ventas nacionales y aporte al PIB no supera en promedio el 10 o 15%, y que cerca del 60 por ciento del empleo nacional se genera en estas unidades productivas.
Si nos detenemos en estas afirmaciones, podemos desprender que las Mipe son la principal fuente de canalización de trabajadores asalariados del país. Si a esto le sumamos aquellas personas que se integran a la fuerza económicamente activa con nuevos emprendimientos, tenemos un universo de personas trabajando como empleados, autoempleo y empleadores, en este segmento mayoritario del tejido empresarial.
Pero a su vez, este sector no genera ventas o ingresos competitivos, al ser comparado con la mediana y gran empresa, lo que influye directamente en los niveles de sueldo y la calidad del empleo de las personas que se desempeñan en este espacio.
Ahora bien, si todo esto lo analizamos desde un punto de vista optimista con visión de futuro, podemos observar que como país tenemos una excelente y gran oportunidad de incorporar a las Mipe como actor relevante, que influya significativamente en las tasas de crecimiento económico, así como sucede en la mayoría de los países desarrollados, donde en promedio el 50 por ciento de las ventas e ingresos totales de su respectivo país provienen de la Mipe.
En consecuencia, en el sistema económico actual, las micro y pequeñas empresas chilenas representan una gran reserva económica productiva, no explotada ni favorecida con políticas y recursos orientados a resolver temas estructurales del sistema económico, que ha facilitado la concentración de inversiones, producción y desarrollo económico en grandes grupos económicos que generan, en promedio, el 70 por ciento de las ventas e ingresos totales del país (mediana y gran empresa).
Por lo tanto, si implementamos políticas públicas orientadas a aumentar la participación en las ventas e ingresos de las Mipe a un 40 o 50 por ciento del total nacional, no sólo estaríamos aumentando algunos puntos de la tasa de crecimiento del país, si no además mejoraríamos el nivel de los ingresos (sueldos) de quienes trabajan en ellas, que son nada menos que alrededor del 60 por ciento de la población empleada a nivel nacional.
De esta forma, también estaríamos aportando a mejorar la distribución del ingreso.
Así, focalizar la acción en las Mipe es un acto estratégico de política económica, que debe partir por sembrar la semilla de las capacidades y habilidades emprendedoras en las personas, como parte del desarrollo cultural, modificando las fichas curriculares y modelos metodológicos de educación en los colegios y universidades, generando programas y recursos que estimulen la creación de emprendimientos económicos, adecuando el entorno regulatorio y normativo para facilitar el emprendimiento y reemprendimiento.
En esta línea, también se pueden establecer programas de apoyo directo a la inversión de las Mipe, para que mejoren su tecnología y aumenten su patrimonio, por sobre los pasivos y endeudamientos que disminuyen su capital de trabajo y liquidez, para enfrentar así en igualdad de oportunidades las demandas de mercados cada vez más exigentes.
Otro aporte significativo que apunta en dirección del crecimiento de este sector es el fortalecimiento de la representatividad política de las organizaciones empresariales, para que sean verdaderas interlocutoras en el diseño y acuerdos de estrategias a implementar. La Mipe requiere de organizaciones empresariales autofinanciables, con servicios profesionales de apoyo a sus asociados y equipos técnicos que desarrollen propuestas de políticas públicas en beneficio de este segmento. Tal cual como en otros países, donde se ha asumido la importancia de tener organizaciones empresariales fuertes, estableciendo que parte de los impuestos que pagan los socios de alguna de ellas sean retenidos por el Fisco y reembolsados a su respectiva organización, como política de autofinanciamiento y formalidad legal, otorgándoles así un estatus y rol dentro de la estructura económica del país, y estimulando la asociatividad en lo productivo y comercial al crear instancias que ayuden a generar una cultura organizacional de comunidad.
En los últimos dos años, Sercotec ha reestructurado su intervención institucional en el sector de la micro y pequeña empresa. Así, el Servicio enfrenta el Bicentenario con una fuerte orientación al cliente, representado en las Empresas de Menor Tamaño, con una tarea definida y midiendo resultados en impacto y cobertura. Pero, además, con valores claros: calidad en el servicio, calidez en la atención, simplicidad en la gestión, y un compromiso irrestricto con la transparencia y la igualdad en los accesos.
En la Región de Atacama, Sercotec ha enfocado su gestión en programas y proyectos estratégicos para las Mipe. Así, apoyamos a pequeñas empresas de artesanía con productos de calidad, que este año comenzaron a exportar como corporación Canto de Agua a Italia, España y Estados Unidos bajo el concepto de “Comercio justo”.
Dado que Atacama cuenta con una fuerte inversión de grandes empresas y un crecimiento económico que supera la media nacional, hemos hecho una apuesta en apoyar a pequeñas empresas encadenadas con otras de mayor tamaño, para que consoliden su mercado a través de acciones que mejoren su competitividad. Esto ha incrementado sus ventas en un 30 por ciento y el empleo directo sobre el 50 por ciento.
En materia de Turismo de Intereses Especiales, el Servicio ha trabajado de la mano con los empresarios, como un socio cómplice de los sueños y resultados. Aprovechando el mercado de adulto mayor, se logró romper con la estacionalidad de los servicios, se generaron más de 40 nuevas plazas de trabajo, aumentaron sus ingresos significativamente con lo que generaron inversiones de modernización de sus locales y servicios, consolidando un mercado y mejorando su gestión con elementos de competitividad y asociatividad empresarial.
Sercotec ha trabajado además con empresarios pequeños productores de aceite de oliva, a quienes apoya en forma directa a través de acciones orientadas a mejorar factores de competitividad y tecnológicos, para mejorar su participación en mercados exigentes, con productos de calidad. Los resultados no se han hecho esperar: hoy una de estas empresas ya exporta su producción a China.
Por lo tanto, las Mipe son un actor relevante en el presente y futuro económico del país, pues tienen un margen muy grande de crecimiento, tanto en participación en mercados, como en desarrollo tecnológico, innovación, productividad, ventas, ingresos y calidad del empleo. Pero, sobre todo, por el aporte que pueden hacer para mejorar la distribución del ingreso.
Si nos detenemos en estas afirmaciones, podemos desprender que las Mipe son la principal fuente de canalización de trabajadores asalariados del país. Si a esto le sumamos aquellas personas que se integran a la fuerza económicamente activa con nuevos emprendimientos, tenemos un universo de personas trabajando como empleados, autoempleo y empleadores, en este segmento mayoritario del tejido empresarial.Pero a su vez, este sector no genera ventas o ingresos competitivos, al ser comparado con la mediana y gran empresa, lo que influye directamente en los niveles de sueldo y la calidad del empleo de las personas que se desempeñan en este espacio.
Ahora bien, si todo esto lo analizamos desde un punto de vista optimista con visión de futuro, podemos observar que como país tenemos una excelente y gran oportunidad de incorporar a las Mipe como actor relevante, que influya significativamente en las tasas de crecimiento económico, así como sucede en la mayoría de los países desarrollados, donde en promedio el 50 por ciento de las ventas e ingresos totales de su respectivo país provienen de la Mipe.
En consecuencia, en el sistema económico actual, las micro y pequeñas empresas chilenas representan una gran reserva económica productiva, no explotada ni favorecida con políticas y recursos orientados a resolver temas estructurales del sistema económico, que ha facilitado la concentración de inversiones, producción y desarrollo económico en grandes grupos económicos que generan, en promedio, el 70 por ciento de las ventas e ingresos totales del país (mediana y gran empresa).
Por lo tanto, si implementamos políticas públicas orientadas a aumentar la participación en las ventas e ingresos de las Mipe a un 40 o 50 por ciento del total nacional, no sólo estaríamos aumentando algunos puntos de la tasa de crecimiento del país, si no además mejoraríamos el nivel de los ingresos (sueldos) de quienes trabajan en ellas, que son nada menos que alrededor del 60 por ciento de la población empleada a nivel nacional.
De esta forma, también estaríamos aportando a mejorar la distribución del ingreso.
Así, focalizar la acción en las Mipe es un acto estratégico de política económica, que debe partir por sembrar la semilla de las capacidades y habilidades emprendedoras en las personas, como parte del desarrollo cultural, modificando las fichas curriculares y modelos metodológicos de educación en los colegios y universidades, generando programas y recursos que estimulen la creación de emprendimientos económicos, adecuando el entorno regulatorio y normativo para facilitar el emprendimiento y reemprendimiento.
En esta línea, también se pueden establecer programas de apoyo directo a la inversión de las Mipe, para que mejoren su tecnología y aumenten su patrimonio, por sobre los pasivos y endeudamientos que disminuyen su capital de trabajo y liquidez, para enfrentar así en igualdad de oportunidades las demandas de mercados cada vez más exigentes.
Otro aporte significativo que apunta en dirección del crecimiento de este sector es el fortalecimiento de la representatividad política de las organizaciones empresariales, para que sean verdaderas interlocutoras en el diseño y acuerdos de estrategias a implementar. La Mipe requiere de organizaciones empresariales autofinanciables, con servicios profesionales de apoyo a sus asociados y equipos técnicos que desarrollen propuestas de políticas públicas en beneficio de este segmento. Tal cual como en otros países, donde se ha asumido la importancia de tener organizaciones empresariales fuertes, estableciendo que parte de los impuestos que pagan los socios de alguna de ellas sean retenidos por el Fisco y reembolsados a su respectiva organización, como política de autofinanciamiento y formalidad legal, otorgándoles así un estatus y rol dentro de la estructura económica del país, y estimulando la asociatividad en lo productivo y comercial al crear instancias que ayuden a generar una cultura organizacional de comunidad.
En los últimos dos años, Sercotec ha reestructurado su intervención institucional en el sector de la micro y pequeña empresa. Así, el Servicio enfrenta el Bicentenario con una fuerte orientación al cliente, representado en las Empresas de Menor Tamaño, con una tarea definida y midiendo resultados en impacto y cobertura. Pero, además, con valores claros: calidad en el servicio, calidez en la atención, simplicidad en la gestión, y un compromiso irrestricto con la transparencia y la igualdad en los accesos.
En la Región de Atacama, Sercotec ha enfocado su gestión en programas y proyectos estratégicos para las Mipe. Así, apoyamos a pequeñas empresas de artesanía con productos de calidad, que este año comenzaron a exportar como corporación Canto de Agua a Italia, España y Estados Unidos bajo el concepto de “Comercio justo”.
Dado que Atacama cuenta con una fuerte inversión de grandes empresas y un crecimiento económico que supera la media nacional, hemos hecho una apuesta en apoyar a pequeñas empresas encadenadas con otras de mayor tamaño, para que consoliden su mercado a través de acciones que mejoren su competitividad. Esto ha incrementado sus ventas en un 30 por ciento y el empleo directo sobre el 50 por ciento.
En materia de Turismo de Intereses Especiales, el Servicio ha trabajado de la mano con los empresarios, como un socio cómplice de los sueños y resultados. Aprovechando el mercado de adulto mayor, se logró romper con la estacionalidad de los servicios, se generaron más de 40 nuevas plazas de trabajo, aumentaron sus ingresos significativamente con lo que generaron inversiones de modernización de sus locales y servicios, consolidando un mercado y mejorando su gestión con elementos de competitividad y asociatividad empresarial.
Sercotec ha trabajado además con empresarios pequeños productores de aceite de oliva, a quienes apoya en forma directa a través de acciones orientadas a mejorar factores de competitividad y tecnológicos, para mejorar su participación en mercados exigentes, con productos de calidad. Los resultados no se han hecho esperar: hoy una de estas empresas ya exporta su producción a China.
Por lo tanto, las Mipe son un actor relevante en el presente y futuro económico del país, pues tienen un margen muy grande de crecimiento, tanto en participación en mercados, como en desarrollo tecnológico, innovación, productividad, ventas, ingresos y calidad del empleo. Pero, sobre todo, por el aporte que pueden hacer para mejorar la distribución del ingreso.






