Hablan autoridades y emprendedores:

La realidad del patentamiento en Chile

Aunque los innovadores que tramitan su patente coinciden en que es un proceso largo y engorroso, la autoridad sostiene que estos problemas se acabarán con la nueva legislación que rige al sistema.


 

A comienzos del próximo año comenzará a funcionar el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi), la nueva institucionalidad que estará encargada de la difusión, información y procesos de patentamiento y registro de marcas en el país, absorbiendo el trabajo que hace actualmente el Departamento de Propiedad Industrial (DPI).

La misión de implementar esta nueva institución fue encomendada por el Ministro de Economía, Hugo Lavados, a Cristóbal Acevedo, actual jefe del DPI.

La autoridad dijo a DiarioPyme que su gestión estará marcada por “mejorar la atención en el departamento y hacer más eficientes y rápidos los procesos de otorgamiento de patentes y marcas”.

Actualmente un trámite de estas características puede tomar entre 70 y 80 meses. Para enero del próximo año, se espera que este plazo se reduzca a 32 meses.

Para poder cumplir con estos objetivos, se trabaja a toda máquina tener todo listo dentro de los 180 días que tienen desde la publicación de la ley, el pasado 14 de abril, para implementar y funcionar como Inapi.

“Estamos trabajando para que el DPI y el Instituto sean una institucionalidad efectivamente más vigorosa para proteger la propiedad intelectual de los innovadores chilenos y extranjeros”, agrega el jefe del DPI.

La gran tarea del Inapi
Alberto Cerda, director de estudios de la ONG Derechos Digitales, coincide en que la formación del Instituto tendrá una repercusión directa en el número de solicitud de patentes para invenciones.

“El Inapi va a orientar en la normativa de la propiedad industrial, esto implica que se va a alentar el patentamiento. En el medida en el que instituto asuma como una de sus tareas principales la difusión, en Chile se patentarán más obras”, dice Cerda.

El nuevo instituto tendrá una importante tarea, considerando que, según cifras del DPI, de las 2.200 solicitudes para patentamiento, 12% son chilenas. El registro de marcas supera con creces a la primera. Anualmente llegan 40.000 al año.

Ese 12% corresponde a invenciones, de carácter científico-tecnológico, que no existen actualmente en la industria, y que pueden tener aplicación industrial. Las marcas, corresponden a signos, nombre o letra distintiva de una empresa o producto que permite diferenciarse dentro del mercado. En caso de estar protegido, el Estado otorga el monopolio para usar ese distintivo de manera exclusiva.

El investigador de Derechos Digitales, estima que esta baja invención de parte de los chilenos se debe a que al país le falta una cultura de creación. “Nuestro país no ha tenido una alta conciencia acerca del valor de la propiedad industrial”, dice.

“A esto se suma al escaso horizonte comercial de las universidades, que es dónde generalmente se producen invenciones. Hay muchos prejuicios, como que las patentes extranjeras protegen más que las obtenidas en Chile, lo que induce a pensar que no es necesario hacerlo en el país”, entre otras cosas explica Cerda.

¿Por qué debe patentar?
Tanto hablar del DPI y del Inapi, quizá no le queda claro por qué es importante que patente sus creaciones.

Lo cierto es que más allá de la protección y resguardo que pudiera otorgar una patente, también es un plus a la hora de hacer negocios.

Así lo explica Edmundo Casas, emprendedor y uno de los dueños del sistema que genera imágenes holográficas en tres dimensiones sobre una figura geométrica, y que está en pleno proceso de patentar su tecnología.

“Le pones una barrera de entrada a tu competencia por si quiere sacar un producto similar. Por otro lado, si quieres vender los derechos de tu invento a una empresa grande, la única forma de hacerlo es teniendo una patente”, dice.

A esta percepción se suma el jefe del Departamento de Propiedad Industrial quien aconseja no dejar el nuevo valor conseguido en manos de terceros.

“Los empresarios deberían patentar porque eso les da mayor protección, porque en la medida en que agregan valor al mercado con sus productos, ese valor debe ser de ellos mismos y no de otros”, dice Acevedo.

Sergio Soto, de Coquimbo, también es un emprendedor que está en proceso de patentamiento. Él está pidiendo la protección de su dispositivo y método de trituración de minerales.

Si bien reconoce que el proceso ha sido complejo, aconseja a los empresarios emprender en la tarea de conseguir la patente para los productos propios.

“Conviene hacerlo totalmente, me da la seguridad de que alguien no lo copie. Además, estoy haciendo los trámites en el extranjero, el día de mañana puedo fabricarlo o vender la licencia y hacer un buen negocio, la patente me da resguardo”, dice Soto.

Llamado de atención
Sergio Soto es un pequeño empresario de la zona de Coquimbo, y va a cumplir dos años haciendo trámites en el Departamento de Propiedad Industrial.

Si bien está conciente de los beneficios que significa patentar, en el transcurso de estos años ha gastado cerca de $10 millones entre los trámites, los viajes a Santiago y las asesorías legales.

“Todos estos trámites y viajes a Santiago implican tiempo y dinero. Uno no puede dejar de trabajar y hay otros proyectos que a veces hacen difícil programarse para viajar. El problema es que estas diligencias no son fáciles de confiar a otra persona”, explica Soto.

Pedro Wobbe es otro emprendedor que lleva dos años esperando por su patente. Quiere proteger el proceso industrial del “banano deshidratado bañado en chocolate”.

Él es de Santiago y no ha tenido el problema de los viajes, pero si, dice, ha tenido que lidiar con la falta de preparación de algunos profesionales del DPI.
“Cuando iba a la oficina, un día me atendía una persona y al otro, otra diferente. No todas entendían del tema, había que volverles a explicar el asunto, teniendo los papeles en las manos”, reclama Wobbe.

Como consejo a los emprendedores que están pensando en patentar, Wobbe les pide que se asesoren bien porque, a su juicio, el problema radica en la falta de conocimiento de la gente que atiende el DPI.

“Muchos pergaminos pueden tener, pero en la materia específica a veces son ignorantes, no conocen la realidad y al no hacerlo, empiezan a poner objeciones que no tienen ningún sentido”, enfatiza.

Esta claro que si el proceso de obtener una patente es lago y a veces engorroso, pero nada se compara al resguardo que esta entrega y las posibilidades de negocios futuros. ¿Patentar o no?, depende de usted.

María José Hernández