Un incendio consumió el resultado de quince años de trabajo, pero le dejó el aprendizaje de que lo material es sólo una ayuda para lograr otros objetivos más trascendentales en la vida. Como muchos pequeños empresarios apasionados por lo que hacen, este actor sintió el golpe, sin embargo, se levantó de inmediato y ya está saboreando la mística que muy pronto lo llevará a renacer de entre las cenizas.
Próximo a cumplir 36 años, el actor Juan Pablo Sáez tiene la certeza de que el último tercio de su vida no se hizo humo junto con el teatro San Ginés, devastado por un voraz incendio a principios de este año. “Estoy más prendido que nunca”, reconoce con humor, ante la idea de reconstruir su emprendimiento familiar, cuyo socio es su padre, Julio, a quien tuvo que salvar de entre las llamas el día del accidente.Ambos, junto a su madre, siguen atendiendo a un máximo de cien espectadores por función que llegan hasta una improvisada sala de teatro cada fin de semana. El show debe continuar a pesar de todo, una máxima que se cumple con rigor y profesionalismo sobre el escenario, “a pesar del estrés que significa superar todo esto”.
¿Y de dónde salen fuerzas?
De hacer lo que a uno le apasiona. Hasta el empresario más sencillo de este mundo debe sentir orgullo por hacer lo que hace. De lo contrario, mejor que no lo haga.
¿No hay limitaciones?
Todos tenemos ciertas limitaciones, ya sean físicas, mentales o económicas. También hay que lidiar con los prejuicios de la sociedad. En general te das cuenta de que nadie lo tiene todo y que muchas veces hay vidas solitarias y miserables tras los logros, la fortuna y la fama.
¿Crees que se pueden superar esas limitaciones?
Claro, pero primero hay que reconocerlas y sentir que son posibles de superar, eso resulta clave para superar la adversidad.
¿Hablas de un trabajo interno para superar los problemas?
Sí, pero también externo, donde el núcleo debe ser la familia, no por cantidad, sino por quienes integran el hogar. Creo que la perseverancia, la creatividad, la valentía y la innovación, sumado a un trabajo en equipo, son el camino para revertir los fracasos.
Pero seamos realistas, sin dinero y con problemas cuesta pensar así...
El dinero debe ser un medio y no un fin, de lo contrario las cosas no resultan. Los chilenos nos creímos el cuento de que éramos los jaguares de Latinoamérica y es así. No sacamos nada con crecer económicamente al 6% anual, mientras no lo pasemos bien como seres humanos.
¿Esa es la lección que aprendiste con toda esta tragedia?
Más bien reafirmé mi sentimiento de alegría, no como concepto político, sino como el goce de hacer los que uno quiere y siente hacer. Y yo, a pesar de todo, sigo haciendo lo que más me gusta. Así debe pensar un emprendedor, de lo contrario, al primer desastre abortará sus proyectos.
Dignidad y respeto
Por momentos parece que el dinero no le importara a Juan Pablo. Incluso cuenta que el año pasado abrió en su empresa una línea de Responsabilidad Social para tratar mediante la actuación, temas “con cero atractivo comercial, pero agudos”.
¿De dónde se despierta tu interés por los temas sociales?
Siento que no podemos mirar al lado cuando hay tanta noticia macabra en Chile, como el maltrato infantil o la pedofilia. Por eso montamos “Hamelin”, una historia que cuenta cómo la justicia intenta atrapar a un supuesto pederasta, esta obra fue éxito en Europa.
¿Y en Chile?
No. Pero no importa. Siento que gané en dignidad y que cumplí con el rol social que tiene el actor.
¿Piensas que al actor se le reconoce ese papel en la sociedad?
Más que antes, pero aún es insuficiente. Queremos ser vistos con la misma dignidad que es visto otro oficio.
Pero hay muchos prejuicios, como decir que son bohemios...
Eso es una falta de respeto, una intolerancia hacia los actores y que no estoy dispuesto a aceptar. Imagínate que hay gente que me llama a las 11 de la mañana y me dice "perdona, ¿te desperté?".
¿En serio? ¿Y qué le respondes?
“No, voy en mi sexta reunión y estoy en pie desde las 6 y media de la mañana. No me ofendas”. Todavía hay gente que no sabe que el actor hace clases, ensaya a primera hora a pesar de que el día anterior terminó de trabajar en la madrugada en teatro, televisión y cine ¿Qué chileno tiene 5 trabajos?
Muy pocos...
Ninguno, créeme.
Vocación emprendedora
¿De dónde nace tu interés por los negocios?
Sin darme cuenta. Mi albuelo paterno era almacenero y el materno ferretero, pero aún sin saber esa historia, desde pequeño hice negocios. A los 10 me regalaron una bicicleta que luego arregle y vendí. Con esa plata compré otra que también vendí para comprar una bicicross con casco y todo, con la que gané premios corriendo en competencias.
Y de ahí la plata al banco...
No. La invertí para comprar mi primer computador, que luego cambié por uno mejor. Y así. Vender es un don y yo siempre lo tuve, pero sólo años más tarde lo descubrí.
Me imagino que tu padre estaba orgulloso.
Mi papá trabajaba mucho, lo veía muy poco porque estaba siempre en regiones. Tengo una imagen de padre trabajólico y un poco ausente, pero a pesar de ello fue quien influyó en mi decisión de estudiar ingeniería.
¿Y cómo fue esa experiencia?
Horrible. Siempre a las patadas con los números, por lo que nunca pensé que podría ser empresario. Mi idea era titularme en cinco años de ingeniero y luego entrar a estudiar teatro, pero al tercer año de carrera me di cuenta de que no podría soportar hasta el final, así que abandoné todo por la actuación.
El futuro ingeniero de la familia ahora sería actor...
Afortunadamente mi familia comprendió que por sobre el título está la convicción de llegar a ser el mejor en lo que uno hace. Sentí que si elegía, por ejemplo, ser barrendero, sería el mejor y mis calles serían las más limpias del barrio, por lo que ser actor ya no parecía tan terrible.
Difícil decisión
Si uno cree y además lo siente, va y lo hace. La idea es no ser del montón y eso siempre lo tuve claro.
Pérdida con ganancias
Durante la entrevista son varias las personas que se acercan a saludarlo, a darle ánimo, a recordarle que están ahí para lo que pueda necesitar. El educado Juan Pablo sonríe y agradece, pero reconoce que tras el incendio fueron muchos los que ofrecieron ayuda, pero poco los que realmente la materializaron.
¿Sientes que el dueño mira a su empresa como si fuese un hijo?
Puede ser, pero no es mi caso. Yo tengo un hijo y él representa mucho más en mi vida que mi teatro, pero aún así te confieso que hasta hace un tiempo la diferencia era mínima.
¿Y el incendio te hizo cambiar de opinión?
No, fue antes de eso, cuando supe de la muerte de Clemente, el hijo de Cristián Warnken. Esa noticia me destrozó. Yo sentí mucho lo que les pasó y ahí me di cuenta de que mi teatro es muy valioso, quince años de trabajo que se perdieron, pero es mucho menos que un hijo.
No es un hijo, pero igual es una pérdida
Si claro. Al principio dije “de aquí a cuatro meses tendré el financiamiento y a las máquinas reconstruyendo”. Se cumplió el plazo y no tengo ni el financiamiento, ni las máquinas en el terreno.
Debes sentirte bastante agobiado a veces...
Hay mucho cansancio y mucha ansiedad por volver a estar como antes. Los doctores me han dicho que descanse, pero es imposible y no queda más que forzar la máquina. Los martes salgo a regiones, hago clases los lunes y miércoles, todos los días tengo reuniones, me subo al escenario los fines de semana... ¡mi agenda está a full!
¿No temes perder el ritmo?
En algunos momentos me pongo más sensible, pero lo supero pronto. Siento que no puedo estar llorando sobre las cenizas de mi teatro, muy por el contrario, hay que agradecer lo que se tiene. Incluso he llegado a pensar que este incendio, así como la quiebra o el fracaso de una empresa, puede transformarse en una tremenda oportunidad.
¿Así de positivo eres?
Soy del tipo de personas que sin importar lo que ocurra sigue siempre adelante y persigue sus nuestros sueños hasta alcanzarlos. Estoy seguro de que si sigues con pasión tus ideas, tendrás la certeza de que puedes volver a empezar una y otra vez. Hay trabas como el financiamiento y el tiempo, pero finalmente se logra.
Ya me imagino cómo será el día de la reinauguración...
No tanto. Más que el resultado en sí, lo realmente interesante está en el camino. Yo quiero reinaugurar pronto el teatro, pero también me doy el espacio de disfrutar este momento donde se genera una especie de mística, de pertenencia, que va mucho más allá de lo material.
El poder de la familia
¿Tu empresa es familiar por necesidad o por opción?
Surge por necesidad, más que económica, por el tema de la confianza. Uno se pregunta en quién confiar un balance y las responsabilidades, quién se queda hasta tarde trabajando por el deseo de hacer las cosas bien y no para que le paguen horas extras.
¿Y crees que así se ve desde afuera?
Probablemente se debe ver como tacañería, pero no me importa. Me quedo con lo importante que es para mi mamá estar ahí y ayudar con lo que hace, que es atender a los que llegan a ver las obras, y con mi padre, que maneja las finanzas. Cuando uno tiene la certeza esa es la razón y no otra, se duerme tranquilo, profundamente y no hay nada que esconder. Estoy orgulloso de trabajar con la familia.
¿Digan lo que digan?
Me quedo con lo positivo. El público y los propios actores con los que trabajo agradecen la atención, dicen que es cercana y eso es lo que logra la familia. Además Chile se sustenta económicamente en siete familias, las empresas más poderosas son familiares.
¿Quieres llegar tú también a tener el estatus de esas familias?
¿Y por qué no? ¡Tengo un tremendo orgullo y siento que algún día puedo transformar en una tremenda empresa y gracias al poder de la familia! Eso tampoco lo estudié, pero estoy seguro de que puede llegar a ocurrir.
¿Y crees que son más los empresarios que piensan así?
Probablemente no, somos pocos, pero vamos en aumento. El dueño de una Pyme tiene que sentir la necesidad por entregar su producto de la mejor forma, por hacerlo con materiales nobles pensando, por ejemplo, en el niño que no se puede envenenar por usar un juguete de mala calidad.
Pero debes reconocer que hay mucha desconfianza y competencia desleal.
Y mucha búsqueda del resultado por el resultado y una sobre valoración de la cantidad por sobre la calidad en todo. “¡Vendamos mucho sin importar que todo sea malo!”, “¡marquemos rating sin importar el contenido!”...
¿Y quién genera el cambio en esta sociedad?
Es aquí donde debe aparecer el personaje llamado líder. Los segundones no dicen por dónde hay que ir, el líder es el que maneja los hilos y no puede huir de esa responsabilidad. Hay que hacerse responsable de los fracasos para no tener que estar culpando a nadie y en ese sentido ser empresario te obliga a ser un líder.
Pero hasta los mejores líderes acusan los golpes de situaciones negativas como la que te ocurrió.
Pero siempre hay cosas peores. Lo importante es que al líder no lo pillen los ochenta años sintiendo que no hizo lo correcto. Aún en el fracaso se debe ganar y para ello hay que dejar la búsqueda de la seguridad y tomar riesgos. No se puede quedar toda su vida comentando lo que hubiese ocurrido si lo hubiese hecho. De lo contrario sentirá envidia del que lo logra.
Lo últimos vestigios del personaje que representó en las tablas hace minutos desaparece, reemplazado por un Juan Pablo apasionado por su ideal de vida. “No soporto a las personas que no dan el todo. Así este país jamás va a surgir”.
Para qué destruir si se puede construir
Obvio. Hay que alegrarse cuando alguien triunfa, felicitarlo, enaltecerlo, levantarlo y potenciarlo. ¿Cuándo vamos a tener un ídolo, un “fenómeno” como dicen los argentinos? ¿Qué cuesta ser generoso y adular al otro cuando logra cosas?
¿Te sientes un hombre exitoso?
Estoy satisfecho de mis decisiones, pero muchas veces siento que no logro comprender completamente el por qué de mis éxitos y mis fracasos. Hay veces en que uno pone todo lo que sabe y aún así no tiene éxito. En cambio, hay veces en que me dejo llevar por los sentimientos más que por el cerebro y tengo un tremendo éxito y no sabes cómo. Lo hago y punto.
Disculpa, pero parece más suerte que capacidad...
No lo creo. Prefiero hablar de una alquimia sumamente incuantificable. Para obtener éxito no hay recetas, sólo ingredientes secretos incluso para el cocinero, que tienen que ver con la intuición de cada momento en particular.
¿Y no sientes que esa suerte de “improvisación” es la que transforma a muchos emprendedores en un señor Corales, ese que en el circo pobre las hace todas y sin preparación?
Te lo explico de esta forma: hacer de todo es un paso fundamental para entender al resto de tu equipo. Quizá sea yo el que más capacidad de improvisación intuitiva tenga, pero también sé delegar en otros las cosas que son posibles de hacer. Nunca pido lo imposible.
Debes ser un buen jefe...
Trato. Entiendo que sólo se puede delegar y dar instrucciones precisas si has hecho esa pega, y en ese sentido un buen empresario no puede sentir pudor si al principio debe hacer todo solo.
Son las dos de la madrugada y el restaurant que al inicio de esta entrevista albergaba al silencio ahora se llena de voces, música y sabores. En la mesa de al lado están sus compañeros de la obra “Pijama” con los que salió a escena poco antes. Más allá otro elenco celebra y lo esperan. Este es el mundo de Juan Pablo, uno lleno de sonrisas y gratitud a pesar de los golpes del destino.






