No es difícil encontrar emprendedores en Chile. Sin embargo, sí resulta difícil encontrar microempresarios preparados, informados y capacitados. Por ganas no se quedan nuestros emprendedores. Pero, lamentablemente, sólo con las ganas no es suficiente. Al menos en el mediano y largo plazo, terminan siendo muchos los que quieren, pero pocos los que pueden.
En el Chile del siglo XXI, a escasos dos años de nuestro Bicentenario como nación independiente, es una ilusión pensar en SURGIR (sí, con mayúsculas) si no estamos bien informados. Un buen emprendedor se debe a sus clientes. Debe ser capaz de detectar en ellos sus necesidades y ver en éstas su oportunidad. Pero para eso es necesario tener: uno, el hábito de informarse; dos, las ganas de hacerlo; y, tres, los medios.La información de nuestro siglo se mueve a velocidades vertiginosas e Internet se levanta hoy como “el” medio de comunicación por excelencia. Debemos sumar a esto, el hecho que nuestro potencial cliente dejó de ser sólo nuestro país. El mundo hoy es “aldea global” y por lo tanto ya no sólo competimos con nuestro barrio, sino que con personas que están en países tan lejanos como China, Irlanda o Marruecos. Alguien me dirá, “este señor no sabe que todos los días nos llenamos de productos venidos desde Asia a bajos precios, todo debido al uso de una mano de obra baratísima, nosotros nunca podremos competir con ellos”. Yo le contesto, ¿ha pensado usted, por ejemplo, venderle sólo uno de sus artículos al 10% de la población china? ¿Sabe usted que el 10% de la población china es más de 10 veces nuestra población? ¿Conoce usted los gustos y preferencias de los más de mil millones de chinos? ¿Se ha informado sobre cómo exportar a China? ¡Qué espera! ¡Nunca es tarde!
Como ya lo dije anteriormente, actitud es lo que más abunda en nuestros emprendedores. Pero ojo con confundir “actitud” con “imprevisión”. Ocurre que al ser “hijos del rigor”, al tener el apremio por “parar la olla”, nuestros microempresarios terminan lanzándose a la aventura “a la buena de Dios”. O a lo kamikaze diría un japonés. Vía expedita al fracaso.
Sin saber el ABC de la gestión de un negocio existen altísimas posibilidades de morir en el intento. Sin planificación, sin registros, sin conocer exactamente los costos del negocio, lo más probable es que no logremos surgir. ¿Cómo se remedia esto? Formación y capacitación. Hay que estudiar señoras y señores. Y estudiar mucho. Alguien dirá ¿y cuándo estudiamos? Si tenemos que estar todo el día trabajando. Está claro que el tiempo es poco y quien no se esfuerza no cruza el río. Será necesario un esfuerzo adicional. Por lo menos, en la Corporación Acción Emprendedora hemos programado todos nuestros cursos en horario vespertino, de tal forma de que los microempresarios no tengan problemas en asistir a las capacitaciones.
Por último, para progresar con una microempresa, serán necesarios altos volúmenes de constancia, tesón y perseverancia. De nuestra experiencia con microempresarios hemos podido identificar que como chilenos tenemos poca tolerancia al fracaso. Si bien nos levantamos, nos cuesta reaccionar ante nuestras propias debilidades. Y es ahí donde el trabajo psicológico con los microempresarios es FUNDAMENTAL. Distinguir y potenciar las habilidades y competencias emprendedoras de los microempresarios es el trabajo que se viene. Brasil ha tenido excelentes resultados en sus pymes gracias a este tipo de intervención.
Es hora de que en Chile hagamos llegar todo este conocimiento a la microempresa. Del progreso de nuestros microempresarios depende el progreso integral de nuestro país. Nosotros ya estamos en eso: soñando un país nuevo.







