Los emprendedores porteños que luchan contra viento y marea
Emprender en un lugar cómo Valparaíso, no es fácil. Deprimida hace años (desde la apertura del Canal de Panamá en 1914), todo aquel que pretenda iniciar un negocio en la ciudad debe tener una cuota de valentía y ser un poco soñador.
Por Franz Lohs (franz@diariopyme.com)
Gracias a la herencia de un otrora poderoso puerto lleno de comercio e inmigrantes europeos asentados en sus cerros, el turismo se ha hecho presente en la zona patrimonial que la Unesco declaró en 2003, dejando la puerta abierta a la esperanza del porteño que quiere surgir en su propia ciudad y no emigrar, enfrentando el 10% de cesantía que existe en la región según el último índice entregado por el gobierno.
Los cerros Concepción y Alegre son los más representativos del circuito patrimonial porteño. En ellos decenas de casas construidas a principio del siglo veinte y otras tantas aún más antiguas, conforman el paisaje que atrae a turistas no sólo nacionales, sino que extranjeros, que recalan en la bahía gracias a la gran cantidad de cruceros que arriban a Valparaíso desde hace algunos años.
Por lo mismo, es el mejor lugar del puerto para instalar un negocio relacionado al turismo. Así lo pensaron en el restaurante SaborColor y en el Hotel Latitud 33º Sur, quienes se han esforzado para emprender, sorteando problemas de capitales, permisos –que por ser un sector patrimonial son complicados de conseguir—y una zona que tiene un auge en el verano pero que en invierno es poco rentable.
Casas de colores, patrimonio inamovible
SaborColor (Templeman 561, Cerro Concepción) es un restaurante que lleva poco tiempo abierto, pero que ya goza de cierta fama, incluso internacional. De hecho, cuando entré a hacer la entrevista para este reportaje, dos turistas estadounidenses estaban en la barra conversando con su dueño, Álvaro Figueroa, comentándole que habían llegado al restaurante gracias a un reportaje que había sido publicado en el New York Times.
“Incluso me trajeron el diario impreso en dónde salió la nota”, comentaba Álvaro mientras enmarcaba la página del Times, para colgarla en una de las coloridas paredes del restaurant.
A pesar de que les está yendo bien, Álvaro recuerda que se toparon con problemas para partir debido a los permisos municipales. “Por ser una ciudad patrimonial, las modificaciones dentro de los espacios” son un problema a la hora de conseguir la autorización de la municipalidad. “Queríamos abrir antes del año nuevo (de 2009), pero no pudimos hacerlo hasta el 22 de junio de ese año”, comenta recordando las dificultades que tuvieron que sortear para montar un local de esta magnitud.
En el caso del Hotel Latitud 33º Sur (Pasaje Templeman 183, Cerro Concepción), el negocio partió por la misma problemática de los permisos. “Todo partió por un negocio en que pensaron mis padres, que consistía en comprar casas viejas, renovarlas, y venderlos como loft. Cuando compramos esta, tuvimos problemas con las regulaciones municipales –no podíamos separar esto en departamentos- y decidimos darle un giro al negocio, pasando al rubro hotelero”, recuerda Fabiola Godoy, hija de los dueños Rigoberto Godoy y Juana Navarrete.
Desde ahí tuvieron que empezar a planificar e incluso a realizar estudios que les dieran la capacidad para llevar adelante el proyecto, y de paso, participar en fondos concursables de la Corfo y Sercotec.
El caso de Latitud 33º Sur es quizás paradójico. Por el mismo problema que la municipalidad les pone en su camino a muchos empresarios del turismo, una familia comenzó con un proyecto del cual no tenían idea. Cuentan que fue un arduo camino porque además de los permisos, las personas involucradas tuvieron que buscar asesorías y financiamiento.
“Fue difícil al principio, porque no estábamos acostumbrados con el negocio. Cuando por fin pudimos terminar la restauración de la casa, tuvimos un período de marcha blanca en dónde un montón de detalles de los cuales no sabíamos nos fueron haciendo entrar en el negocio”, recuerda Fabiola.
Proyectos y conceptos
Ambos proyectos tienen en común el factor “concepto”. El casco histórico de Valparaíso tiene ese requerimiento si es que se quiere emprender. No sólo basta con iniciar un negocio sino que también se requiere de esa cuota de creatividad que haga del lugar un espacio único. En este caso, la idea es ofrecer una mezcla entre estilo y familiaridad, por lo que es muy importante que los socios o familias que emprendan ahí tengan una identidad propia pero que esté asociada a la local.
“Nuestra idea desde un principio es que, hagamos lo que hagamos, sea de la mejor manera posible y seamos los mejores en ello”, comenta Braulio Eliser, socio de Álvaro Figueroa, a lo que este agrega “en el espacio y en el concepto que tenemos, queremos ser buenos. Entender que el público que viene a SaborColor es un público que también va a otros restaurantes, pero nosotros queremos ser una opción de buena calidad en relación al concepto. Queremos que la persona que venga aquí esté cómoda, se divierta y encuentre algo distinto”.
Latitud 33º Sur es una buena mezcla para quien busca hacer turismo o hacer negocios. Todas las habitaciones tienen un concepto distinto y estaciones de trabajo con Internet incluida. “Queremos que la gente venga acá no sólo a pasar las vacaciones, sino también que sea un lugar para pasajeros que vienen a hacer negocios”, comenta Fabiola mientras muestra las habitaciones con grandes ventanales que tienen vista al Cerro Alegre.
El hotel tiene esta estrategia debido a que el sector decae bastante en los meses de invierno, por lo que las ganancias son escasas en ese período. Por eso la idea de sacarse un poco el estigma de ser una residencial que sirva solamente para quienes deseen ir de visita al puerto, y ampliarlo también a las personas que pasen por el lugar durante el resto del año, tratando de hacerlos clientes frecuentes.
Inversiones y ganancias
Montar un negocio en Valparaíso siempre es una aventura. Pero si se logra poner en marcha, con una buena administración, es bastante probable que perdure en el tiempo. Y es que los visitantes tienden a privilegiar a los negocios con historia. Por eso partir es difícil, y las inversiones generalmente son a largo plazo.
En el caso de SaborColor el negocio ha funcionado hasta el momento y pretenden seguir creciendo. De hecho, la casona en donde está instalado el restaurant cuenta con un segundo piso, en donde pretenden abrir una galería de arte, que también sirva para hacer catas de vinos y lanzamientos de eventos relacionados a la cultura y la gastronomía. Esto debido a que a pesar de ser una inversión a largo plazo, por lo menos las ganancias alcanzan a para pagar los gastos operacionales, lo que augura un buen futuro para el restaurante.
“La inversión en este tipo de negocios se recupera en 7 a 10 años”, comenta Fabiola en relación al proyecto de Latitud 33º Sur, “pero por suerte el hotel ha dado suficientes ganancias para poder dedicarse a él, y vivir de ello”.
Valparaíso es un lugar con historia que premia a los emprendedores que se atreven a crear en sintonía con el legado de 474 años de existencia. Quien se ponga de pie en esta ciudad seguramente podrá hacerlo en cualquier lugar del mundo, dicen. Y en el caso de los emprendimientos, mientras estén bien ideados, las cosas pueden resultar bien, siempre y cuando, se mimeticen con la ciudad.






